Lo que el teletrabajo y el Covid-19 removió de nuestros genes

Conectar personas que no se encuentran en un mismo lugar ha sido uno de los principales desafíos para muchas empresas a lo largo de los últimos años. Pero no ha sido el COVID-19 el que ha implantado una “nueva normalidad”, sino que ha sido Internet.

Según Flexjobs, el teletrabajo ha ganado un 91 % en popularidad en los últimos 10 años y el 73% de los equipos tendrá teletrabajadores en sus filas para 2028. Pero estas métricas también se vinculan con otro tipo de estadísticas como, por ejemplo, la de Airtasker que afirma que el 50% de los teletrabajadores planea ser su propio jefe algún día. Y ahí está la clave: en la independencia y la autogestión. O, mejor dicho, la libertad.

El teletrabajo ya no es un mero beneficio, no es solo un recurso de las empresas para atraer potenciales empleadas/os. Se trata de una visión acerca de cómo combinamos nuestra vida laboral con la personal, uno de los desafíos más potentes que ha atravesado el capitalismo desde su corta existencia en el universo económico de nuestra especie.

” Según Flexjobs, el teletrabajo ha ganado un 91 % en popularidad en los últimos 10 años y el 73% de los equipos tendrá teletrabajadores en sus filas para 2028.”

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El valor de la confianza

Durante los inicios, el sistema de trabajo ha sido atravesado por metodologías prohibitivas y ¿por qué no decirlo? Injustas en reiteradas ocasiones. Ese “plusvalor” del que tanto hablaba Marx hoy queda expuesto más que nunca. El “agregado” que no se contemplaba en un salario es el que hoy se exhibe para ser recuperado porque, el teletrabajo, se basa en algo fundamental: la confianza. Confianza entre el jefe y el empleado, un factor que, en esquemas laborales anteriores, no se construía, sino que se imponía.

Ese “plusvalor” es el tiempo. Tiempo que no siempre ha sido productivo, tiempo mal administrado. AirTasker lo ilustra perfectamente con esta observación: “Los trabajadores de oficina pasan de media 66 minutos al día hablando sobre temas no relacionados con el trabajo, mientras que los teletrabajadores solo pasan 29 minutos al día haciendo lo mismo con sus compañeros de trabajo”. Y muchas empresas, más allá del COVID-19, lo vienen estudiando, analizando y comprendiendo hace varios años: si no hay libertad y confianza entre empresa y empleados, no habrá otra cosa más que un vínculo inanimado entre órdenes y salarios. Y el mundo actual ha demostrado que sin compromiso, el terreno laboral pierde fundamentos, sustentos, ¡y dinero!

Lo que el trabajo nos enseña

El teletrabajo ha puesto tiempo y libertades en la mesa de las/os empleadas/os. Ha dado el poder de administrar de otra manera ese recurso tan importante en nuestras vidas: el reloj. Porque no hay nada más sabio para el ser humano que saber administrar sus propias obligaciones y compromisos. Nos permite ser más eficientes y productivos, ya que aumenta el autoestima, el bienestar y las satisfacciones laborales y profesionales. Y eso es otra cosa que nos está enseñando el COVID-19: acá no existen jefas/es superpoderosas/os que todo lo saben y pueden: la auténtica eficacia se da en un correcto funcionamiento de todas las partes por igual. Como ha pasado con la cuarentena: no hay heroínas ni héroes, hay una sociedad que trabaja a la par, cada persona con su rol y aporte, para salir a flote.

El teletrabajo se trata de construir autonomía y nuevas fortalezas hasta en pequeñas cosas: crear un propio ecosistema de trabajo, con sus respectivos espacios y lugares. Se trata de poner a prueba nuestras propias aptitudes; de ser los responsables de nuestro tiempo. ¡Uff! Eso sí que es difícil.

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Todos estos interrogantes no llegaron con el virus, llegaron con Internet. Porque lo que ha hecho Internet fue desestructurar los esquemas de poder social. Volvieron a florecer las capacidades que siempre hemos tenido, pero que se nos han silenciado por generaciones. Internet impuso una nueva normalidad, una que se refuerza con el COVID-19 y que nos traerá ese debate tan rico de cómo queremos vincularnos dentro de las empresas, no solo como dadores de tiempo y receptores de dinero, sino como personas complejas, autónomas, independientes y capaces de alcanzar resultados nunca antes vistos. Y en equipos unidos por el compromiso y la confianza, y no por las órdenes.

” Internet impuso una nueva normalidad, una que se refuerza con el COVID-19 y que nos traerá ese debate tan rico de cómo queremos vincularnos dentro de las empresas, no solo como dadores de tiempo y receptores de dinero, sino como personas complejas, autónomas, independientes y capaces de alcanzar resultados nunca antes vistos.”

El teletrabajo y la sociabilización

El teletrabajo no viene a generar distancias y separar vínculos entre personas. Lo que viene a hacer es, primero, a reforzar el vínculo que tenemos con nosotras/os mismas/os. Un empleado que es muy sociable en la oficina pero que no es feliz con su rol dentro de ella… ¿qué sentido tiene? No se trata del tiempo de diálogo, sino de la calidad de las palabras que emitimos y escuchamos de las/os demás. El teletrabajo nos propone afianzar lazos sociales internos para, luego, conectar mejor con el resto del equipo.

El desafío se trata siempre de encontrar el equilibrio, el punto justo de cocción. Actualmente, miles de empresas combinan trabajo en casa y trabajo en oficinas. Pero eso no es nada nuevo para nosotras/os como especie: siempre hemos ido de lugar en lugar, adaptándonos a distintos contextos. La capacidad de adaptabilidad es parte de nuestros genes. Y ha sido Internet quien ha implantado, en su nueva normalidad, nuevas comunicaciones a través de la intervención de lo digital. Hace 20 años estamos “conectados” desde casa y para el mundo. El teletrabajo no es ninguna revolución desde ese punto. La revolución es la que genera que la administración y el control lo posean todas/os por igual y en espacios creados por nosotras/os mismas/os.

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Resultado del teletrabajo

Desde menos bajas por enfermedad hasta elevadísimos aumentos en la productividad, el teletrabajo refleja estadísticas interesantes desde la mirada de las/os empleadas/os. Indeed for Employees selecciona algunas de las más importantes:

  • El 75 % de los teletrabajadores dice que trabajar externamente ha mejorado su conciliación laboral y personal.

  • El 71 % de los teletrabajadores dice que está contento en su trabajo actual frente al 55 % de los empleados de oficina que dijo lo mismo.

  • El 36 % de los jubilados dice que habría seguido trabajando si se le hubiera dado la oportunidad de trabajar desde casa o a tiempo parcial.

  • El 40 % de los teletrabajadores dice que normalmente «no está estresado» durante una jornada laboral normal.

  • El 57 % de los empleadores dice que la flexibilidad del teletrabajo ha mejorado la moral y ha reducido la rotación de personal.

Estas observaciones son asombrosas. No solo por los números que reflejan, sino por los valores que ponen al frente de la discusión: claramente, no se trata de trabajar en una oficina o en casa, sino de cómo se administra el poder entre las partes y la autonomía de los actores que participan en el universo laboral. Como vemos, no se trata solo de la sociabilización entre las personas, sino de por qué lo hacen. ¿Lo hacen porque están obligados de alguna u otra forma o porque realmente desean hacerlo? En esa puja entre obligación y deseo está la cuestión.

Conclusiones

Desde Enfusión, no tenemos respuestas concretas. Nuestro rol no es responder aquello que debería cuestionar y responder cada una/o por sí solo. Lo que sí queremos es acercar las preguntas correctas entre tantas sin sentido alguno. Eso también lo ha traído el COVID-19: hacernos las preguntas correctas sobre nuestro rol en el día a día.

Es interesante abrir estos debates dentro de la familia laboral. Porque sí, es una familia: hay miedos, aspiraciones, deseos, frustraciones, alegrías… se trata de un proyecto en común. Por eso, recomendamos que el teletrabajo que hoy nos propone la cuarentena sea la puerta de bienvenida a nuevas reflexiones acerca del rol de cada empleada/o en el equipo, de las libertades, las capacidades de administrar tiempos y compromisos. Hablar de las cosas que llevamos en nuestros genes porque, en el fondo, en nuestros genes están las respuestas.

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