20 años de Enfusión, cómo hemos cambiado (o no tanto)

Sobrevivimos a dos décadas de marketing, crisis, memes y algoritmos sin perder el sentido del humor ni las ganas de seguir

En 2006, cuando Henrique Távora y Nicholas Buchholz montaron Enfusión, el mundo parecía bastante más sencillo que hoy. 

Aquel mismo año, otro dúo – Gnarls Barkley- lo petaba muchísimo con su canción Crazy. Pensando hoy en ese tema, es verdad que podría ser un buen comienzo para este post conmemorando nuestros 20 años: I remember when, I remember I remember when I lost my mind… Porque lanzarse a la aventura de hacerse autónomos y montar tu propia agencia de marketing digital puede sonar un poco a locura. Y hoy venimos a recordarlo.

Pero volvamos a 2006, porque esa locura, con sus más y sus menos, nos acabó saliendo bastante bien. Si no, no estaríamos aquí para contarlo. 

2006, the way we were

Entonces, internet iba despacio, los móviles servían para llamar y mandar SMS, Facebook era un sitio raro para universitarios y el marketing digital consistía, básicamente, en hacer una web, meter cuatro palabras clave y esperar a que la gente se asomase a aquellas pantallas que parecía que hacían magia en flash. 

Nadie hablaba de funnels, ni de datos, ni de inteligencia artificial. Hablábamos de presencia online y de convencer a las pymes de que estar en internet no era una moda extraña, sino que sería una cuestión de supervivencia para el futuro.

Veinte años después, ese futuro nos ha atropellado varias veces.

Por el camino han pasado crisis económicas, guerras, redes sociales, Netflix, Spotify, memes, TikTok, una pandemia mundial, teletrabajo, influencers, ChatGPT, buscadores que ya no buscan, sino que nos responden, y clientes que ahora preguntan a una IA antes de contactar contigo. 

Han cambiado los hábitos, los canales, los ritmos y las reglas del juego. Y, sin embargo, aquí seguimos. No porque seamos especialmente valientes, sino porque aprendimos pronto que evolucionar no es una opción, es una condición para existir.

Durante estos veinte años el marketing dejó de ser un escaparate para convertirse en una conversación. Pasamos del “mírame” al “confía en mí”. De vender productos a construir relaciones. De lanzar campañas a diseñar estrategias. Y eso encajó muy pronto con nuestra manera de entender el trabajo: enfusionarnos con nuestros clientes, formar parte de su equipo, sentir sus problemas como propios y celebrar sus victorias como si fueran las nuestras (que lo son).

Mientras el mundo se digitalizaba a toda velocidad, la digitalización también se humanizaba ¿os acordáis la comunicación corporativa era toda de usted?

La tecnología importa, pero las personas importan más

Las marcas dejaron de hablar como robots y empezaron a hablar como personas. Los clientes dejaron de creer en slogans chachis pero vacíos y empezaron a creer en historias reales (aquí vino el storytelling a saco). Y nosotros aprendimos que no se trataba solo de saber de SEO, campañas o webs, sino de entender a quién teníamos delante: CEOs cansados, responsables de marketing saturados, pymes con miedo a invertir mal su dinero y personas que querían resultados, pero también tranquilidad.

En medio de todo esto llegó la explosión de las redes sociales, los smartphones y la sensación permanente de que todo iba demasiado rápido. Llegaron los datos, los dashboards, los KPIs, las automatizaciones y las promesas tecnológicas de que una máquina podría hacerlo todo por nosotros. 

Y aquí es donde Enfusión tuvo que reafirmar su identidad. Porque ninguna herramienta entiende el contexto de un cliente como lo hace una conversación cara a cara, ninguna IA sustituye a la empatía y ningún algoritmo sabe lo que cuesta sacar adelante una pyme.

También aprendimos que no todo vale. Que crecer sin ética es pan para hoy y hambre para mañana. Que decir que sí a todo termina rompiendo equipos y relaciones. Que una enfusión solo funciona si hay respeto, comunicación, compromiso y un poco de humor para sobrevivir a los días difíciles. Porque los ha habido.

Hemos pasado por crisis económicas, proyectos que no salieron como esperábamos, clientes que se fueron, cambios constantes que obligaban a volver a aprender casi desde cero, hemos estado al borde de la quiebra técnica.

La evolución a un equipo multicultural que sabe escuchar a las pymes

Hemos visto cómo la música pasaba del CD al streaming, cómo los memes explicaban la realidad mejor que muchos editoriales y cómo nuestros hijos aprendían a usar pantallas antes que bolígrafos. Todo eso también nos cambió como profesionales. 

Entendimos que el marketing no vive aislado en una burbuja, vive dentro de la cultura. Que para comunicar hay que entender lo que pasa fuera de la oficina, lo que la gente ve, oye, teme y desea.

En estos veinte años Enfusión no se convirtió en una gran estructura rígida, sino en una pequeña empresa multicultural, con gente que habla muchos idiomas, pero sobre todo con gente que sabe escuchar. Personas que combinan cabeza y corazón, estrategia y romanticismo, datos y sentido común. Personas que entienden que trabajar bien no es solo entregar resultados, sino hacerlo sin perder el entusiasmo, la alegría ni la dignidad por el camino.

Y eso nos ha permitido acompañar a muchas pymes en su propio viaje de transformación. Empresas que empezaron sin saber qué era el marketing digital y hoy toman decisiones estratégicas basadas en datos. Empresas que pasaron de tener miedo a internet a depender de él para crecer. Empresas que entendieron que el marketing no es un gasto, sino una inversión a largo plazo.

Si miramos atrás, no solo vemos cómo ha cambiado el mundo. Por suerte, vemos personas, vemos los equipos que se formaron bajo el paraguas de Enfusión, vemos a los clientes que confiaron en nosotros, vemos un montón de conversaciones interminables, reuniones improvisadas, risas, tensiones, aprendizaje y también algunas segundas oportunidades. Vemos cómo eso de la enfusión dejó de ser solo una palabra bonita para convertirse en una forma real de trabajar juntos.

Hoy hablamos de inteligencia artificial, de buscadores conversacionales, de branding B2B, de estrategias de contenido y de nuevos modelos de compra. Pero seguimos creyendo en lo mismo que en 2006: que el marketing debe ser accesible, honesto y útil para las pymes. Que no se trata de prometer milagros, sino de construir resultados. Que sin personas motivadas no hay proyectos que duren. Y que, si vendes evolución, tú también tienes que evolucionar.

Como dice Bad Bunny, seguimos aquí

Veinte años después, el mundo es más complejo, más rápido y más ruidoso. Pero Enfusión sigue con la misma idea de fondo: hacer marketing con un propósito, con ética y para las personas, incluso en un contexto empresarial B2B. Somos parte del equipo del cliente, no un proveedor externo. Buscamos relaciones largas, no aventuras de una noche (ay, Tinder). Y nos esforzamos cada día para que el equipo sienta ilusión por venir a trabajar, porque si eso falla, todo lo demás se cae.

Así que sí, han cambiado muchas cosas. Han pasado modas, plataformas, crisis y algoritmos. 

Pero, como dijo Benito en la Super Bowl, seguimos aquí. 

Y sabemos que, después de veinte años, no tenemos nada garantizado. Así que hay que seguir aprendiendo. Sabemos que tendremos que seguir adaptándonos. 

Aunque todavía creemos firmemente en que la mejor forma de hacer marketing es combinar estrategia con emoción, cabeza con corazón, números con personas.

Hace años que no se sabe nada de Gnas Barkley. Los componentes del dúo han seguido sus carreras en solitario. Henrique y Nico siguen aquí, acompañados por una súper banda de rock: Irene, Candela, Ana María, Gustavo, Palma, Paula, Edu y Romina. 

Seguimos haciendo marketing digital. Pensado por estrategas. Desarrollado por románticos. 

Y todavía nos queda mucho por contar.

Pensado por estrategas, desarrollado por románticos